Los Knicks comenzaron las Finales de la NBA de la mejor manera posible. Con una victoria de 105-95 sobre los Spurs en San Antonio, el equipo neoyorquino no solo tomó ventaja en la serie, sino que también confirmó por qué ha sido uno de los conjuntos más sólidos de toda la postemporada. Aunque los locales llegaron a controlar el ritmo del encuentro y construyeron una ventaja importante, Nueva York nunca perdió la calma. Poco a poco fue reduciendo la diferencia hasta encontrar su mejor versión cuando el partido entró en los minutos decisivos.
En ese momento apareció nuevamente Jalen Brunson. El base lideró a los Knicks con una actuación de figura y volvió a demostrar por qué se ha convertido en el referente de un equipo que parece sentirse cómodo bajo presión. Sin embargo, el triunfo fue mucho más que una gran noche de su estrella. Nueva York mostró orden, paciencia y una defensa que fue creciendo con el paso de los minutos, mientras que San Antonio comenzó a acumular errores que terminaron inclinando la balanza.
Para los Spurs, la derrota representa una llamada de atención. La serie apenas comienza, pero dejar escapar el primer encuentro en casa obliga a una reacción inmediata antes de viajar a Nueva York. Los Knicks, por su parte, hicieron exactamente lo que necesitaban: ganar fuera de casa y trasladar la presión al rival. Falta mucho camino por recorrer, pero el Juego 1 dejó una impresión clara: Nueva York llegó a estas Finales convencido de que puede ser campeón y, en el primer capítulo de la serie, jugó como un equipo que realmente lo cree.