• La Verdad del Sureste |
  • Domingo 31 de Agosto de 2025

Los de abajo

Caso Hernán Bermúdez: no ignorar a un tercer personaje
 

*Merino Campos, su mediocridad y actitud pusilánime causó mucho daño a Tabasco
 

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Hay un personaje que, por el hecho de ser de un segundón en toda la amplitud de la palabra, no significa que no tenga responsabilidad en lo que pasó en el sexenio pasado con la seguridad de los tabasqueños.
 

Es igual de responsable que su antecesor, aunque sea solo por omisión. Es difícil creer que haya tenido participación directa en actividades ilícitas imputables a quien dejó como jefe de la policía cuando fue designado por el Congreso local gobernador interino en agosto de 2021, y que ahora anda a salto de mata, cuidándose de no ser detenido por la Interpol que lo persigue por todo el mundo.
 

A Merino no lo dejaron en la gubernatura para eso, sino para simular que gobernaba sin molestar a los verdaderos jefes de la mafia que asolaron Tabasco con sus fechorías. Él era el parapeto, unos lo llamaron despectivamente “florero”, “chalán”, entre otros calificativos denigrantes. El verdadero jefe político despachaba desde Bucareli.
 

Carlos Manuel Merino Campos siempre ha sido y será una figura menor, insignificante, su nombre no produce respeto ni genera expectativas. Sin embargo, no puede excusarse ni mucho menos deslindarse de lo que pasó en Tabasco con la seguridad.
 

La omisión también es un delito señalado en la ley. No puede alegar que no sabía lo que hacía su jefe de la policía si era un secreto a voces que comandaba una organización criminal bajo el alias de “Comandante H”.
 

Ni puede argumentar que cuando llegó Hernán Bermúdez Requena ya estaba ahí, que lo único que hizo fue ratificarlo, como a todos los demás integrantes del gabinete armado por su antecesor y quien seguía siendo, a ojos de todo el mundo, el gobernador a pesar que era un funcionario de alto rango en el gobierno federal.
 

Ni como cambiar a Bermúdez Requena, aunque quisiera. No podía, no lo pusieron para que armara su propio equipo de trabajo, sino llevársela tranquila, que dejara hacer y deshacer a su antojo a quienes siempre lo vieron con desprecio y poca cosa a pesar de que él era formalmente su jefe.
 

Merino siempre ha estado a la sombra de Adán Augusto López Hernández. Fue su suplente cuando el hoy senador era diputado local del PRD. En esa época lo recuerdan como el “carga maletas” de su jefe de ahí el apodo de “chalán”.
 

Cuando Adán Augusto fue senador de la República, también por el PRD, igual Merino Campos fue su suplente y también desempeñaba ese papel. La candidatura a gobernador le abrió la puerta al llamado capitán para disfrutar durante unos meses de la dieta de senador.
 

En esos espacios no representaba ningún riesgo para el estado. Era inofensiva su gestión, pues se limitaba a levantar el dedo en las sesiones para aprobar cualquier cosa que se pusiera a consideración del pleno.
 

Sin embargo, ser gobernador interino es otro rollo y ahí sí tiene mucha responsabilidad, porque toleró y permitió que esa banda de rufianes utilizara el aparato de seguridad para dedicarse al huachicol, a la extorsión, al secuestro, al tráfico de armas y de migrantes, a la trata de personas, como las colombianas que por unas horas estuvieron desaparecidas y resultaba que estaban en una fiesta en una guarida de malandros y que tuvieron que soltar porque el asunto se hizo público y el escándalo amenazaba con convertirse en un conflicto diplomático.
 

CUANDO SE JODIÓ EL ESTADO
 

Su omisión tuvo graves consecuencias para el estado: acabó con la paz y la tranquilidad de la población a la que expuso a la voluntad de los delincuentes que dirigían la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana y la Fiscalía General del Estado, las dos instituciones locales encargadas de la seguridad de los tabasqueños.
 

Se hizo de la vista gorda, ni vio ni escuchó nada de lo que el pueblo decía de quiénes eran los que se dedicaban a actividades ilícitas. Todavía tuvo el descaro de decir que la única barredora que conocía era la de su casa. De ese tamaño era su ineptitud, su falta de compromiso con la sociedad a la que decía servir desde el Ejecutivo.
 

No tiene perdón ni justificación. Merino Campos es igual o más responsable que todos los que han resultado salpicados con el escándalo generado por el caso Bermúdez. Y, sin embargo, lo premiaron nombrándolo director general de Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), como si lo que hizo en el estado mereciera reconocimiento y no castigo dada la gravedad de los hechos ocurridos.
 

Ofende a la inteligencia que salga con la excusa de que cuando él llegó a la gubernatura ya estaba ahí Bermúdez Requena, que en una entrevista radiofónica saliera a decir que “su política fue dar continuidad a los funcionarios que ya estaban trabajando con Adán Augusto López, y que sólo hizo cambios mínimos posteriores”.
 

Es decir, permitió que Bermúdez Requena y Nicolás Bautista y cómplices continuarán delinquiendo y protegiendo las actividades ilícitas de “La Barredora”. Su mediocridad y su actitud pusilánime causó mucho daño a Tabasco y eso no debe pasar por alto.