Los de abajo

El neopriismo en Morena, una herencia que debe sacudirse


Si se busca un responsable directo de la incrustación de priistas indeseables en Morena, un nombre sobresale con nitidez: Adán Augusto López Hernández.
 

Bajo su gestión, el movimiento abrió sus puertas de par en par a una estirpe de políticos oportunistas, expertos en el arte del camaleonismo y la supervivencia presupuestal. El exgobernador no solo permitió el ingreso de perfiles ajenos a la lucha social, sino que entregó las llaves del partido a "priistas trepadores" de la talla de Jesús Alí y otros personajes que personifican lo más rancio del sistema que se pretendía combatir.
 

López Hernández no buscó cuadros formados en la izquierda; prefirió rodearse de personajes cuestionables forjados en la escuela de Manuel Gurría Ordóñez y Roberto Madrazo Pintado. Estos cuadros, acostumbrados a los privilegios, a la vida suntuaria y al ejercicio de un poder vertical que atropella a cualquier opositor, no llegaron a Morena para servir al proyecto nacional.
 

Su único objetivo fue la restauración de sus propias redes de influencia. Al incorporarlos a su gobierno, Adán Augusto no trajo eficiencia, sino que institucionalizó los vicios del viejo régimen: corrupción, tráfico de influencias, nepotismo y un saqueo sistemático de las arcas públicas.
 

La corrupción no fue una anomalía, sino el método de operación. El caso de Narciso Oropeza Andrade en la Secretaría de Movilidad es el ejemplo más descarado. Bajo su mando, la dependencia se transformó en una "cueva de ladrones" donde el cobro de cuotas diarias a transportistas era la regla para permitirles operar.
 

El negocio del taxímetro, un fiasco tecnológico y financiero que el actual gobierno estatal tuvo que desechar por excesivo y oneroso, es solo la punta del iceberg. A pesar de la estela de irregularidades, Oropeza goza hoy de una impunidad que ofende a la ciudadanía, sin haber sido llamado a rendir cuentas.
 

En el ámbito educativo y político, el panorama es igual de desolador. Guillermo Narváez Osorio, primero como secretario de Educación y ahora como rector de la UJAT, representa la infiltración del priismo en la estructura académica.
 

UNA INFILTRACIÓN TOTAL
 

Se le señala por manejar la universidad como una "caja chica" para financiar campañas mediáticas contra los verdaderos referentes de la 4T, como el actual gobernador Javier May. Por otro lado, Carlos Enrique Íñiguez Rosique, apodado "Caliche", fungió como el operador de los "embutes": el encargado de comprar voluntades y pagar el servilismo de los sectores más ruines del periodismo tabasqueño para sostener la narrativa de Adán Augusto.
 

La infiltración fue total. No hubo secretaría que no estuviera encabezada por un priista de viejo cuño. Mario Llergo en Bienestar y Egla Cornelio Landero en Educación son solo muestras de una estructura que desplazó sistemáticamente a los militantes fundadores.
 

El gobierno de Adán Augusto no fue de izquierda ni democrático; fue el viejo PRI disfrazado de Morena. Bajo este sello se impulsaron medidas autoritarias como la "Ley Garrote" y la "Ley Compadre".
 

Además, el propio senador enfrenta hoy señalamientos graves: ingresos no declarados y presuntos vínculos con Hernán Bermúdez Requena, exsecretario de seguridad ligado a grupos criminales. Estas controversias fueron, en última instancia, las que forzaron su salida de la Coordinación del Grupo Parlamentario de Morena en el Senado.
 

Esta "contaminación" priista ha dañado la imagen del movimiento no solo en Tabasco, sino a nivel nacional, al replicar conductas antidemocráticas y cupulares. Casos como el de Jesús Alí exigen una reflexión profunda: Morena no puede permitirse cargar con lastres que históricamente han operado contra el pueblo.
 

Si el partido continúa reproduciendo el amiguismo y el "ponme donde hay", corre el riesgo de sufrir el mismo destino de decadencia que el partido del que sus nuevos integrantes provienen.

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más