Comparar a las mujeres con caballos eso solo puede ocurrirle a una mente como la de Martín Palacios Calderón, dirigente eterno del Partido del Trabajo en Tabasco. No solo evidencia una torpeza verbal del legislador sino refleja su actitud misógina.
En una reunión con charros tabasqueños en el recinto legislativo, el miércoles pasado, para promover que el Congreso local declare el 11 de julio como Día Estatal del Caballo, se le ocurrió a este señor hacer un símil de las mujeres con los equinos.
Salió con la puntada de tanto a ellas como a los caballos es necesario alimentar y dar atención médica. “El caballo es como una mujer más. Hay que estar atentos a que coman bien, que no les falle el tema de salud, porque si no lo cuidan no va a durarles”, declaró orondo, como si hubiera dicho una gracia.
La frase provocó risas entre algunos asistentes, pero rápidamente generó rechazo en redes sociales y entre colectivos feministas, quienes la calificaron de machista, reduccionista y objetivadora.
La analogía equipara a las mujeres con un caballo: un ser que se posee, se monta, se vigila para que “dure” y se usa como “instrumento”, término que él mismo empleó para referirse a sus ejemplares.
En un país con altos índices de violencia de género, feminicidios y desigualdad, este tipo de comparaciones trivializan la dignidad humana y refuerzan estereotipos paternalistas donde la mujer aparece como algo que necesita ser “atendido” por terceros, generalmente hombres, para no “fallar”.
Como legislador y líder estatal del PT —un partido que se autodefine de izquierda y progresista, pero que en los hechos no lo es—, se espera un mínimo de sensibilidad hacia temas de igualdad.
Usar el lenguaje de esta forma en un espacio institucional normaliza el machismo “de broma” o “de campo”, que muchos justifican como “costumbre ranchera”. No es solo una “metáfora desafortunada”; es un síntoma de cómo ciertos políticos siguen pensando y hablando en privado y a veces en público, de las mujeres, como sucedió con este diputado.
UN REINCIDENTE Y MAL EDUCADO
No es la primera vez que Palacios Calderón genera polémica por presunta violencia política de género. En 2024 ya había sido señalado y denunciado ante el Instituto Electoral de Tabasco por este tipo de conductas. Que el mismo dirigente repita patrones discursivos cuestionables resta credibilidad a cualquier defensa de “fue solo una analogía cultural”.
Es válido promover las tradiciones charras, ecuestres y el valor del caballo en Tabasco como patrimonio. Sin embargo, no se necesita degradar a las mujeres para exaltar un animal. Hay formas mucho más respetuosas y precisas de hablar de cuidado, responsabilidad y valor cultural sin recurrir a comparaciones que objetivan a la mitad de la población.
Palacios Calderón ya emitió una disculpa y habló de “deconstruirse”, pero resulta insuficiente si no va acompañado de acciones concretas: mayor formación en perspectiva de género, cuidados del lenguaje o en futuras intervenciones y, sobre todo, coherencia entre el discurso progresista del PT y la conducta de sus cuadros.
La crítica de colectivas feministas y actores políticos es legítima y necesaria. No se trata de “cancelar” por una frase aislada, sino de exigir que los representantes populares —especialmente quienes se dicen de izquierda— dejen de reproducir visiones paternalistas y animalizantes hacia las mujeres.
En 2026, comparar a una mujer con un caballo “porque hay que cuidarla para que dure” ya no pasa como anécdota folclórica: revela una visión atrasada que daña la imagen del propio partido y del cargo que ocupa.
El caballo puede ser un símbolo hermoso de la tradición tabasqueña. Las mujeres merecen ser tratadas como sujetos plenos de derechos, no como yeguas que necesitan vigilancia constante para no “fallar”.