Los de abajo

La guerra de Adán Augusto contra el hermano de AMLO


 

 

 

El senador Adán Augusto López Hernández presume su cercanía con el expresidente Andrés Manuel López Obrador, especialmente a raíz de que este lo llamó “hermano”. Con ese vínculo ha intentado venderse como un andresmanuelista puro, pero no es más que un “vulgar ambicioso”, término con el que el fundador de Morena suele calificar a los políticos de su especie.

 

Adán Augusto afirma con desparpajo que solo sigue instrucciones de quien reside en Palenque; asegura representar sus intereses e intenta “espantar con el petate del muerto”. Se dice “hermano” de AMLO, pero ordena golpear periodística y políticamente a su verdadero hermano: José Ramiro López Obrador. 

 

Fue él quien filtró la “información” sobre una supuesta compra ilegal de ganado centroamericano para que su sicario periodístico, Audelino Macario, la explotara en la estación de radio con la que mantiene estrechos vínculos desde que era gobernador.

 

Según este polémico periodista, existe una presunta red de corrupción en el programa Crédito Ganadero a la Palabra, señalando directamente al subsecretario de Desarrollo Agrícola y Ganadería, Joaquín Alejandro Ligonio. 

 

Detonaron dicha “revelación” disfrazándola de investigación en su medio aliado —cuyo conductor estelar parece haber perdido el rumbo y la ética por intereses inconfesables— para luego difundirla con fuerza el pasado miércoles.

 

Siguieron de cerca al subsecretario y a “Pepín” para vigilar sus movimientos, apareciendo “casualmente” en el café donde ambos se reunían. ¿Agudeza reporteril? Para nada. Fue un pitazo de los informantes de Adán Augusto o de Humberto Mayans, que para el caso es lo mismo. 

 

El propio reportero narra en su nota que también se encontraban ahí dos corresponsales nacionales. Ese encuentro entre colaboradores del gobierno de Javier May dio pie a la especulación. Audelino Macario lo festinó en su cuenta de X: “¿No que no?”, celebró el experto en bajezas.

 

Esa charla de café bastó para asegurar supuestos vínculos entre López Obrador y Alejandro Ligonio, denunciados previamente en el otrora medio plural y hoy convertido en ariete de un grupo carcomido por la ambición, que cree que Tabasco es de su propiedad. 

 

Al lanzar la “noticia” en el llamado “periódico del aire”, lograron que otros medios magnificaran el golpe contra el hermano del expresidente, ordenado precisamente por quien se dice su “hermano”.

 

Estos ataques responden también al desmantelamiento de una red real que operaba la venta ilegal de aretes SINIIGA en la Unión Ganadera Regional de Tabasco y en la Asociación Ganadera de Balancán. 

 

El pasado 11 de abril, la Fiscalía del Estado detuvo en Balancán a Carlos Antonio “N” y Carlos Gregorio “N”, acusados de abigeato y falsificación de documentos. Según las investigaciones, suplantaban identidades de productores para comercializar aretes ilegalmente, facilitando la movilidad de ganado irregular y afectando el estatus sanitario de la región. La detención se dio mediante órdenes de aprehensión vigentes, descartando cualquier acto arbitrario.

 

Ese negocio, como muchos otros, operó durante el sexenio de Adán Augusto y Carlos Manuel Merino. Actuaron con una ambición desmedida, controlando presuntamente desde el huachicol y las drogas hasta la extorsión y el tráfico de migrantes. 

 

A eso ha vuelto Adán Augusto a Villahermosa de forma subrepticia: a conspirar contra el gobierno en un desafío abierto a las instituciones, utilizando a los mismos operadores de siempre: Lorena Beaurregard y Audelino Macario. 

 

Son tan burdos que sus huellas resultan evidentes, jactándose con una arrogancia basada en la impunidad; pero a todo santo le llega su hora.

 

Resulta inexplicable que se detuvieran las pesquisas federales y estatales tras hacerse público que Hernán Bermúdez Requena era un delincuente de alto perfil que manejaba la seguridad estatal y la organización “La Barredora” simultáneamente. 

 

Desde su detención en septiembre de 2025 en Asunción, Paraguay, todo se frenó, como si el extitular de la SSPC hubiera actuado sin protección política al más alto nivel, olvidando que López Hernández fue gobernador y secretario de Gobernación.

 

Evidencias y responsabilidades sobran. No solo Adán Augusto o Jaime Lastra están bajo sospecha; muchos otros se vincularon a estas redes de corrupción. 

 

¿Por qué no se investigan, por ejemplo, los ranchos que Adán Augusto compró en Jonuta y que administran sus cuñados? ¿Sabrá el SAT con qué recursos adquirió miles de hectáreas? Las propiedades de “Pepín” no son nada comparadas con las del senador, pero ahí Audelino Macario no investiga ni se indigna. 

 

No lo hará, pues su conciencia tiene precio y está bien pagada. Tampoco su estación de radio favorita dice nada; callan “como momias”. Ya no engañan a nadie: llevan más de seis años actuando como tapaderas y cómplices por amor al dinero.

¿Te fue útil? Comparte: Facebook X WhatsApp Telegram

Entérate de más