El viernes pasado, el INEGI difundió su última Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) que reportó que la percepción de inseguridad en Villahermosa, la capital tabasqueña, disminuyó 1.9 por ciento de diciembre de 2025 a marzo pasado, al pasar en ese mismo periodo de 83.8 a 81.9 por ciento.
Este dato cayó como balde de agua fría a la oposición, particularmente al PRI y el PRD, porque contrasta con su narrativa de que Tabasco vive inmerso en la inseguridad y que estamos peor que otras ciudades del país consideradas violentas, como Tijuana y Culiacán.
La reducción es mucho mayor si se compara con las cifras de 2024, cuando la percepción de inseguridad había escalado hasta 95.3 por ciento.
Los recientes resultados del ENSU es una muestra inequívoca de que, contrario a lo que pregonan actores políticos, la estrategia de seguridad ha sido efectiva al bajar los índices delictivos y, sobre todo, la percepción de que la capital del estado es una ciudad muy peligrosa, en la que no se sienten seguros los ciudadanos.
La percepción es un indicador subjetivo importante, refleja el temor de la población, pero no siempre coincide uno a uno con las cifras objetivas de delitos.
En Tabasco, las autoridades estatales y federales han reportado reducciones importantes en homicidios dolosos durante 2025 y principios de 2026: caídas del orden del 60 y 75 por ciento en algunos meses comparados con 2024, con promedios diarios que bajaron de más de 3 a menos de 1 en varios periodos.
Esto se atribuye a estrategias coordinadas entre gobierno estatal, fuerzas federales y la "Estrategia de Paz".
Sin embargo, la percepción alta persiste por varias razones. Después de picos muy altos (como el 95.3%), la confianza tarda en recuperarse plenamente, incluso si los delitos graves bajan.
La ENSU y reportes locales mencionan que robos, extorsiones, vandalismo o sensación de inseguridad en espacios específicos, cajeros, transporte, calles, no han bajado al mismo ritmo que los homicidios.
LA GRILLA QUE ESTÁ CIEGA
Tabasco ha tenido problemas históricos ligados al petróleo, disputas territoriales entre grupos y expansión de cárteles, gracias a la permisividad del gobierno anterior que en lugar de combatir el crimen se asoció a él, lo que genera desconfianza residual.
Es válido que algunos actores políticos tiendan a enfatizar el "foco rojo" en Tabasco o Villahermosa para criticar al gobierno en turno, sea estatal o federal. Al mismo tiempo, ignorar la tendencia a la baja, tanto en percepción como en homicidios reportados, también distorsiona el panorama y puede desincentivar el esfuerzo o generar alarmas innecesarias, estrategia que pretenden para que la seguridad siga siendo tema de discusión pública.
No es una estrategia honesta ni efectiva cuando los indicadores duros muestran reducciones significativas en delitos graves como los homicidios dolosos .
Es falso en términos absolutos ignorar reducciones verificables en homicidios, el delito más visible y letal, erosiona credibilidad.
La oposición (PRD, PRI y otros) ha usado históricamente la inseguridad como bandera contra Morena en Tabasco y nacionalmente, lo cual es válido para presionar, pero repetir una narrativa de "foco rojo sin cambios" cuando hay datos de mejora sostenida en percepción y homicidios parece más oportunismo que análisis serio. La gente nota cuando la crítica ignora tendencias a la baja.
En política mexicana, la inseguridad es un tema electoral potente porque afecta directamente la calidad de vida. Negar mejoras reales debilita el mensaje de la oposición; exagerar que "todo está igual de mal" también.