Los de abajo

La era de Ariadna Montiel para recuperar Morena
 

*Rigor ético y mano dura contra el oportunismo en el corazón de la 4T
 


El reciente relevo en la presidencia nacional de Morena marca el inicio de una era de "limpieza profunda", tan necesaria por tanto indeseable que se coló en el movimiento en 2018 y cuyo lastre ya representaba un serio problema por el riesgo de convertirse en un nuevo PRI con las mañas harto conocidas.
 

Con la llegada de Ariadna Montiel Reyes a la dirigencia del Comité Ejecutivo Nacional el pasado domingo, el partido en el poder no solo ha elegido a una nueva lideresa, sino a una operadora política curtida en la base que parece dispuesta a extirpar los vicios que amenazan con corroer al movimiento desde dentro.
 

Su mensaje inicial fue un mazo: "en Morena los corruptos no tienen cabida". Para entender qué esperar de Montiel, hay que observar su origen. No es una figura de laboratorio ni una estrella de redes sociales.
 

Su formación política se dio en la resistencia estudiantil y en la construcción territorial del obradorismo. Como secretaria de Bienestar, Montiel manejó la estructura social más robusta del país, lo que le otorga un conocimiento geográfico y electoral que pocos políticos poseen en México.
 

¿Qué significa esto para Morena? Significa que el partido regresa a sus raíces de territorio. Se espera una dirigencia que priorice el contacto casa por casa sobre los acuerdos de cúpula. Montiel sabe que la fuerza del movimiento reside en la movilización de las bases, y su gestión buscará institucionalizar esa maquinaria para asegurar la continuidad del proyecto rumbo a los comicios de 2027.
 

El punto más álgido y disruptivo de su discurso de toma de protesta fue la advertencia directa a quienes aspiran a candidaturas. Montiel fue tajante: "Si tenemos certeza de que alguien comete un acto de corrupción, aunque haya ganado la encuesta, no será candidato".
 

Esta frase rompe con la inercia del "ganar a toda costa" que se había instalado en algunos sectores de Morena, sobre todo aquí en Tabasco, donde priistas con viejos vicios y antecedentes de corrupción tomaron por asalto el poder con la aquiescencia de Adán Augusto López Hernández.
 

Durante años, las encuestas de Morena han sido el blanco de críticas, tanto externas como internas, por parte de aspirantes que intentan manipular la percepción pública mediante campañas de desprestigio, inflado de seguidores o gasto excesivo en propaganda para sesgar los resultados.
 

SE COMBATIRÁ LA CORRUPCIÓN
 

Montiel advirtió pondrá freno seco a esta práctica. Habrá cero tolerancia a la manipulación. El método de encuestas se defenderá como la voz del pueblo, pero ya no será un cheque en blanco.
 

Se exigirá una "conducta intachable" y una trayectoria impecable para representar al movimiento.
 

La victoria en una encuesta ya no garantiza el registro si existen pruebas de prácticas deshonestas o corrupción.
 

El reto de Ariadna Montiel es monumental. Debe transformar un movimiento masivo y heterogéneo en una institución con reglas claras. Bajo su mando, Morena parece encaminarse a un periodo de purga donde el oportunismo electoral será castigado con el exilio político.
 

La consigna es clara: quien quiera ser candidato debe caminar las calles con honestidad, no manipular logaritmos ni encuestadoras.
 

La gestión de Montiel promete ser una de disciplina interna absoluta. Para los fundadores, es un alivio el retorno a los principios éticos; para los alquimistas y corruptos que veían en Morena una agencia de colocaciones, su llegada es una sentencia.
 

El mensaje ha sido enviado: el que pretenda engañar al sistema, se encontrará con la muralla de una dirigente que conoce el juego mejor que nadie y que no dudará en aplicar el rigor para salvaguardar la soberanía del partido.
 

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