Los de abajo

La ética frente a la tragedia: el límite del oportunismo político


Utilizar una tragedia real, como el incendio en la Nave 1 del Parque Tabasco “Dora María” durante la Feria Tabasco 2026, con fines de lucro político, difusión de noticias falsas o exageración de hechos para llevar agua al propio molino, viola principios básicos de ética, honestidad y respeto a las víctimas.
 

Según informes consistentes del gobernador Javier May y las autoridades estatales, el siniestro dejó un saldo de cinco personas fallecidas. Explotar este dolor para ganar likes, votos y seguidores, o para dañar a un adversario, reduce a los seres humanos a meros instrumentos; es una forma inmoral de instrumentalizar la desgracia ajena.
 

Difundir, sin evidencia sólida, que el número de víctimas es mayor al reconocido oficialmente o afirmar la cancelación total de la feria —cuando las autoridades solo suspendieron actividades por duelo— constituye un acto de desinformación.
 

Ante el llamado explícito de las instituciones para evitar rumores, es vital recordar que la verdad importa, especialmente en emergencias, pues de ella dependen la confianza pública, la respuesta institucional y el duelo colectivo.
 

Lamentablemente, el recurso de recurrir a estos métodos por parte de diversos actores políticos —principalmente de la oposición— es un claro ejemplo de oportunismo. Este relativismo erosiona la democracia y la convivencia social.
 

Si bien existe el derecho legítimo de exigir una investigación exhaustiva que esclarezca las causas del incendio, hay un abismo de diferencia entre la rendición de cuentas y el interés manifiesto de atacar al gobierno por consigna. Esa actitud es condenable.
 

En este contexto, la tragedia se convierte en “munición” para criticar al gobierno estatal de Morena por presuntas negligencias en mantenimiento o respuesta, con el objetivo de erosionar su imagen de cara a 2027.
 

Quienes aspiran a candidaturas ven en la crisis una oportunidad para posicionarse como “la voz de las víctimas” o “defensores del orden”.
 

Sin embargo, esto solo genera cansancio ciudadano, desconfianza y polarización; la sociedad termina dudando de todo: de las cifras oficiales, de las denuncias opositoras y de los reportes periodísticos.
 

Es necesario distinguir entre la crítica legítima y el aprovechamiento. Señalar fallas reales de prevención es un ejercicio necesario de rendición de cuentas.
 

Por el contrario, inventar cifras, atribuir intenciones siniestras sin pruebas o usar la tragedia como un "meme político" es inaceptable. La ética periodística, política y humana exige proporcionalidad y evidencia.
 

La máxima maquiavélica de “nunca dejar que una buena crisis se desperdicie” puede ser una estrategia efectiva, pero es moralmente reprobable cuando implica mentir o recurrir al sensacionalismo sobre la muerte.
 

Las figuras públicas que actúan así demuestran que priorizan el poder sobre la decencia. La sociedad tabasqueña gana cuando se exige transparencia y mejoras reales, no cuando el luto se convierte en un circo político o en una estrategia de posicionamiento.
 

Las tragedias merecen duelo e investigación seria, no más mentiras. Desafortunadamente, cuando las elecciones se acercan, la tentación de "no desperdiciar la crisis" suele imponerse sobre la integridad.
 

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