Decir que existe una maquinación perfectamente aceitada para desestabilizar a Tabasco no es, bajo ninguna circunstancia, una exageración como pretenden hacer creer ciertos actores políticos.
Al contrario: es un hecho tan evidente que salta a la vista de cualquiera que se atreva a cruzar los datos, los tiempos y los nombres de la coyuntura local. Si uno revisa con lupa los acontecimientos recientes en la entidad, caerá de inmediato en la cuenta de que la ingobernabilidad no es una generación espontánea, una invención de la prensa o una simple paranoia gubernamental.
Hay hilos conductores, huellas dactilares y beneficiarios muy claros detrás de la tormenta que pretender crear.
Los hechos hablan por sí solos y configuran un patrón de manual. Por un lado, el repunte crítico de la violencia con episodios de alto impacto en Villahermosa y las periferias de las rancherías del municipio de Centro, operado con una sincronía sospechosa que busca sembrar terror y minar la legitimidad de la estrategia de seguridad estatal.
Por el otro, una abierta guerra sucia en redes sociales y medios de comunicación afines, donde la manipulación y la magnificación del caos se disfrazan impunemente de cobertura informativa para generar psicosis colectiva.
A este escenario se suma la cargada política: ataques y descalificaciones sistemáticas que provienen, de forma nada casual, de actores directamente ligados al grupo político de Adán Augusto López Hernández.
A esta comparsa se han sumado, con un pragmatismo cínico y singular alegría, los cascajos locales del PRD y del PRI.
Tampoco son obra del azar la silenciosa pero persistente labor de zapa que realiza el gerente de Responsabilidad Social de Pemex, César Raúl Ojeda Zubieta, ni la beligerante actitud de confrontación asumida por la cúpula local de la CANACO.
Todos operan bajo la misma partitura. Como lo sostuvimos en entregas anteriores, el gobierno de Javier May Rodríguez enfrenta una ofensiva multifrontal desde diversos sectores económicos y políticos.
El insano propósito de este bloque no es otro que fabricar artificialmente un clima de inestabilidad política que detone descontento social. Buscan, por la vía del desgaste diario, fisurar la imagen del gobernador y descarrilar Morena de cara a las elecciones intermedias de 2027.
El cálculo de los perpetradores de esta maquinación es puramente matemático. Su tirada para 2027 es restarle fuerza al mandatario en las urnas, impulsando candidaturas afines a sus intereses económicos tanto en la oposición formal, como Movimiento Ciudadano, como a través de la infiltración y fractura en los partidos aliados, el PT y el PVEM.
El objetivo inmediato es arrebatarle la mayoría en el Congreso local para maniatar al Ejecutivo y frenar cualquier iniciativa de ley que envíe. Bajo esa lógica, el debilitamiento legislativo y social pavimentará el camino para el golpe final en 2030: recuperar lo que por años consideraron su patrimonio exclusivo: la gubernatura, el presupuesto, los contratos a modo, los negocios al amparo del poder y toda la cauda de privilegios de la que hoy están privados.
Sin embargo, los estrategas de la desestabilización no contaban con el espaldarazo político que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo vino a darle a Javier May Rodríguez en su reciente gira por el estado.
Este mensaje de la mandataria federal reconfigura el tablero de la inminente confrontación por el poder. En Palacio Nacional se tiene perfecto conocimiento de lo que este grupo de intereses mezquinos pretende ejecutar en Tabasco.