Los de abajo
El doble rasero de Movimiento Ciudadano en Paraíso
• Se rasgan las vestiduras por Alfonso Baca, pero callan como momias ante las amenazas e intimidaciones contra la alcaldesa interina
Contrasta sobremanera la postura asumida por Movimiento Ciudadano (MC) ante las amenazas e intimidaciones que ha recibido María Eliza Hernández Flores, desde la víspera de su asunción como alcaldesa interina de Paraíso, frente a la férrea defensa que el partido ha desplegado a favor del presidente municipal con licencia, Alfonso Baca Sevilla, actualmente prófugo de la justicia y acusado por la Fiscalía General de la República (FGR) de delitos federales.
Mientras los liderazgos y legisladores del partido naranja respaldaron de forma absoluta a Baca Sevilla —con conferencias de prensa conjuntas, acusaciones frontales de persecución política y una marcha masiva el pasado domingo—, su reacción ante el atentado armado y las amenazas sufridas por Hernández Flores ha sido el silencio o la cautela extrema.
Ni Karla Rabelo, dirigente estatal, ni el diputado federal Erubiel Alonso Que —quien suele criticar activamente a las autoridades estatales— han pronunciado palabra alguna. Como diría Andrés Manuel López Obrador, en este caso "han callado como momias".
Esta evidente disparidad alimenta la percepción ciudadana de un abandono institucional y un doble rasero. Movimiento Ciudadano demostró una enorme capacidad para defender jurídicamente y en las calles a su alcalde con licencia prófugo; sin embargo, esa misma fuerza no se ha hecho notar para respaldar públicamente y exigir protección para la maestra María Eliza Hernández tras los disparos contra su vivienda.
La omisión de una defensa activa hacia la alcaldesa interina deja un amplio margen de cuestionamiento sobre la ética y la congruencia de la dirigencia partidista.
Desde la perspectiva del análisis político y de la opinión pública, este tipo de conductas debilita la credibilidad de un partido al mostrar que sus prioridades están dictadas por intereses de grupo y dinámicas de poder interno, en lugar de basarse en principios de justicia, legalidad y equidad de género.
Al salir en bloque a defender a un liderazgo masculino consolidado como Baca Sevilla y, al mismo tiempo, matizar o ignorar la violencia directa contra la mujer que ellos mismos colocaron al frente del Cabildo, ese partido proyecta un mensaje de desprotección y selectividad moral hacia su propia militancia.
Guardar distancia frente a un atentado a balazos y amenazas explícitas orientadas a evitar que una funcionaria asuma su cargo legítimo vulnera directamente la agenda de género que Movimiento Ciudadano suele promover en sus plataformas nacionales.
La narrativa oficial de MC sostiene que el gobierno utiliza las instituciones con fines políticos. Sin embargo, al no exigir con la misma vehemencia que se investigue el origen de las agresiones contra Hernández Flores, pierden autoridad moral para denunciar la supuesta parcialidad de la justicia, ya que ellos mismos actúan con selectividad al elegir qué delitos visibilizar y cuáles callar.
Para amplios sectores locales, el silencio responde a un frío cálculo de control de daños. Responder con firmeza ante el ataque criminal obligaría al partido a reconocer la grave crisis de seguridad que atraviesa el municipio que ellos gobiernan, prefiriendo focalizar su narrativa únicamente en el papel de "víctimas" de una persecución federal.
Por todo esto, la respuesta —o la falta de ella— por parte de Movimiento Ciudadano en Paraíso deja mucho que desear. Ante los ojos del ciudadano, expone las profundas contradicciones de una estructura que se moviliza con fervor por el poder y sus figuras masculinas, pero que es capaz de abandonar políticamente a quien enfrenta un peligro real en la primera línea de la administración municipal y, lo peor de todo, que se trata de una mujer.
LA MANO QUE MECE AL MC
La postura de Karla Rabelo es, por decir lo menos, contradictoria. Su silencio se interpreta como una conducta reiterada de subordinación de los derechos y la dignidad de las mujeres frente a los intereses o cálculos de la cúpula.
Ha callado como lo hizo cuando fue agredida por su entonces jefe político, Adán Augusto López Hernández, en un acto en Huimanguillo durante la precampaña presidencial de 2023. En aquella ocasión, Rabelo Estrada, quien era diputada federal y aspiraba a la candidatura de Morena para la alcaldía de su municipio, recibió un codazo que fue de conocimiento público.
El silencio y la posterior justificación del incidente, en lugar de una denuncia por violencia política de género, fueron interpretados por los críticos como una muestra de disciplina y sumisión ante el poder de su mentor político, priorizando su carrera dentro de ese grupo sobre su dignidad personal.
Tres años después, ya como líder estatal de MC, su postura ante el atentado con armas de fuego en el domicilio de la alcaldesa de Paraíso repite un patrón de omisión.
Resulta contradictorio que una mujer en posición de liderazgo no encabece una defensa firme, de género e institucional, ante un ataque directo a otra mujer gobernante, dejando a Hernández Flores en una situación de absoluta vulnerabilidad.
Diversos sectores locales señalan que la llegada de Karla Rabelo a la dirigencia de MC no rompió sus lazos de lealtad hacia el grupo de Adán Augusto. Denunciar enérgicamente la violencia e ingobernabilidad en un Paraíso convulso obligaría a la dirigente a confrontar realidades de seguridad que rozan esferas de poder estatal y federal, prefiriendo en su lugar el repliegue táctico.
El caso evidencia que, en las estructuras partidistas, las agendas de protección a las mujeres suelen quedar supeditadas al control de daños. Al no exigir investigaciones transparentes sobre quiénes están detrás de las amenazas a la alcaldesa, la dirigencia prioriza la defensa corporativa de sus figuras prófugas, como Alfonso Baca, antes que visibilizar las agresiones en contra de sus propios cuadros femeninos en funciones. Eso, en pocas palabras, se llama hipocresía.