Los de abajo
Entre el ponche del pasado y el ‘home run’ de la transformación
En Tabasco, el béisbol nunca ha sido solo un juego de pelota; es el termómetro exacto del humor social y, sobre todo, el espejo del poder en turno. Durante casi siete años, la novena de los Olmecas de Tabasco fue el blanco favorito de la oposición y el dolor de cabeza de la llamada Cuarta Transformación en el edén.
Hoy, con el pase a la Final de la Zona Sur tras 33 años de sequía, el panorama cambia radicalmente, pero para entender la euforia del presente, es obligatorio recordar el costoso y frustrante desierto del pasado reciente.
Durante los gobiernos de Adán Augusto López Hernández y Carlos Manuel Merino Campos, los Olmecas no fueron un orgullo, sino un auténtico sinónimo de fracaso y derroche.
Bajo el argumento de rescatar la identidad deportiva, las administraciones de Adán y Merino inyectaron cientos de millones de pesos del erario a un pozo sin fondo. Mientras los hospitales estatales padecían desabasto y la seguridad pública crujía, el presupuesto fluía generoso hacia una directiva que coleccionaba derrotas, malas contrataciones y planteles que habitaban la morgue del standing de la Liga Mexicana de Béisbol.
Aquel polémico episodio donde la Guardia Nacional fue utilizada para trasladar a la mascota "Pochi" al estadio, o las millonarias remodelaciones del Estadio Centenario 27 de Febrero que parecieron nunca saciar el apetito de los contratistas, blindaron la narrativa de la oposición.
Los detractores tenían la mesa puesta: los Olmecas eran la metáfora perfecta de la ineficacia administrativa del gobierno estatal. Un equipo caro, mediocre y desconectado de su afición, utilizado meramente como un costoso distractor social.
"Pan y circo", gritaban los críticos, con la diferencia de que en Villahermosa ni siquiera había circo de calidad.
Sin embargo, el béisbol da revanchas y la política también. La llegada de Javier May Rodríguez a la gubernatura coincidió con un punto de inflexión. Tras un inicio de temporada que amenazaba con repetir los mismos fantasmas del pasado, la novena tabasqueña obró el milagro.
LOS PROFETAS EN DESGRACIA
El dramático cuadrangular de Alan Espinoza en la decimotercera entrada contra los Guerreros de Oaxaca no solo dejó tendido al rival en el terreno de juego; también noqueó el discurso de los "profetas de la desgracia", como el propio May los bautizó convenientemente.
Con este triunfo histórico, el actual mandatario estatal capitaliza un éxito deportivo que trasciende el diamante. Javier May no solo celebra un pase a la final; celebra la validación de su narrativa de transformación, demostrando que bajo su gestión las cosas "sí se pueden" hacer bien.
Aquel pesado lastre que Adán Augusto y Merino heredaron a la marca Olmecas ha sido limpiado de golpe con el polvo de las bases.
La pelota sigue en el aire y los Pericos de Puebla ya esperan en la Serie de Campeonato. Si los Olmecas logran coronarse, Javier May habrá ganado mucho más que un trofeo para las vitrinas del estado: habrá sellado una de las victorias políticas y narrativas más rentables de su sexenio, callando de golpe a quienes aseguraban que el béisbol de la 4T estaba destinado al eterno ponche.