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La Verdad del Sureste

Urdimbres y texturas Jóvenes: romper el ciclo de la violencia


 
En las organizaciones comunales el valor de los jóvenes se orienta a la toma de conciencia de su persona, en función de lo que pueden y deben hacer por su pueblo. En las ciudades el sentido es distinto, dependiendo del tipo de ciudad, barrio y colonia, los jóvenes deben decidir cómo ejercer de ciudadano.
    Ser joven en el siglo veintiuno en México no es fácil, requiere de no claudicar, de salvarse de salir embarazada en la adolescencia, de tener herramientas para subsistir en el medio rural y en el urbano. Además, luchar en los diferentes frentes de la vida social,  que implica la supervivencia en el sur de México, considerado una de las regiones con  más jóvenes entre 15 y 29 años que viven en pobreza extrema. Señal que pueden ser presas del crimen organizado; en sí, prisioneros son de la pobreza y una cualquier salida equivale a sobrevivir, pero en este caso no por mucho tiempo.
    En estos tiempos, donde poco a poco se asentó la criminalidad y la violencia, por los motivos que ya todos sabemos, no puede hablarse de juventud única; más bien, tendremos que mirar con ojo atento, lo variopinto que aparece el panorama de los chavos en este momento: unos se vuelven padres en la adolescencia, otros abandonan la secundaria, otros dejan trunco el bachillerato, y un grueso poblacional se dedica a laborar en lo que sea para ayudar en la casa, además están los que pueden ir a la escuela y con mucho esfuerzo concluir el ciclo escolar.
    Con el clima electoral que se vive, los chavos son mirados de dos formas: son el futuro de la nación, o  son el problema a resolver. Cuando se trata de esperar de ellos todo, se les encaja una responsabilidad futura que no les cabe en la espalda por el simple hecho de que formación para la vida profesional, pocos tienen acceso, y si es el caso de que sean problema, entonces deben ser vigilados, para controlarlos, porque están formando su personalidad, y son necesarios los limites, a grado tal que los ahogan. 
    Ahogada vive la juventud, en esquemas de pensamiento erróneo, con ideologías que requieren de una revisión profunda, ampliar con programas y proyectos concretos, que les permita construir una concepción respecto a ellos mismos, a no temerle a la reflexión, y conocer verdaderamente  la nación donde viven, para crear un futuro comprometido con ellos desde su persona, y que impacte el medio donde viven. Es mucho quizá, pero basta con la reflexión para que no tengan esa mirada de angustia, de incertidumbre y de tristeza que muchas veces se observa en la calle, en los negocios de servicios, donde están empleados.
    Restituir el tejido social empieza con ellos, y con sus familias; sobre todo, la familia tabasqueña, no por regionalismo, sino porque en verdad urge. Pienso en esa necesidad apremiante de atender lo social, que recuerdo a Nelson Mandela y su arribo al poder en Sudáfrica, las jornadas de asambleas regionales, para el perdón, para hablar de lo que no se habló en su momento: de la violencia, las víctimas, las injusticias,  de reconstruir el tejido social, a partir del diálogo. Las campañas iniciaron ya, ojalá que no se pierda en el camino, el verdadero sentido de cambio de dirigentes, no es posicionar sólo al grupo político, es ofrecerle a las personas, y sobre todo a los jóvenes, oportunidades para el desarrollo social.
    Por eso son bienvenidas las propuestas que se hacen desde la sociedad, en el ámbito privado o comunitario, para darle a los jóvenes opciones. En esta ruta, la acción de los padres es fundamental para impulsar a sus hijos a buscar mejores horizontes.

 

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