¿Y a mí qué?

Aduanas: por qué un relevo ahí sí te toca


Un relevo en Aduanas no es un chisme burocrático. Es un movimiento en el cuello de botella del país: donde se recauda lo que marca la ley, donde se define si entra mercancía legal o simulada y donde se filtra, o se deja pasar, lo que luego termina en mercados, carreteras y calles. Por eso este cambio importa: porque si Aduanas mejora, se nota; y si falla, también. Dicho de otra forma: Aduanas define la cancha. Si la cancha está chueca, gana el que evade. Si se endereza, gana el que trabaja.

1. Lo que está en juego. Primero, el bolsillo. Cuando entra mercancía subvaluada, es decir, reportada más barata de lo que realmente cuesta para evadir impuestos, o directamente ilegal, el mercado se distorsiona. Puede parecer barata, pero esa baratura muchas veces se financia con evasión. El resultado no es solo que el formal compita peor: es que tú termines viviendo en un país donde lo correcto es más caro y lo chueco es más rentable. Después, el empleo formal. La competencia desleal no es un debate moral: es una trituradora de empleo estable. Si tu negocio o el de tu comunidad compite con mercancía que entró sin pagar lo que debía, el que cumple pierde. Y debajo de todo eso, la seguridad económica. Aduanas no resuelve por sí sola la inseguridad, pero sí puede cerrar rutas logísticas y financieras. Un Estado que no controla lo que entra y sale pierde capacidad de control interno. Esa relación es simple: menos trazabilidad, más oportunidad para redes ilegales.

2. ¿Por qué el relevo importa y por qué no basta con el anuncio? Sabiendo lo que está en juego, la pregunta natural es si un cambio de titular alcanza para moverlo. Cambiar al titular de Aduanas sin cambiar los procedimientos es como cambiar al árbitro sin revisar el reglamento: el partido se juega igual. Aduanas es una institución donde las inercias pesan. Hay redes que conocen el hueco exacto: triangulación, subvaluación, simulación de origen, contrabando técnico. Cambiar a una persona no desactiva esas inercias por sí solo. Lo único que las desactiva es operación: controles que funcionen, auditorías reales y sanciones visibles. Y un punto adicional: en Aduanas los resultados no dependen de una sola oficina. Dependen de coordinación interinstitucional entre la autoridad fiscal, la autoridad aduanera y las instancias de seguridad que participan en el control operativo. Si esa coordinación falla, el sistema se vuelve irregular aunque el discurso sea impecable. Por eso el relevo no se mide por narrativa: se mide por un antes y un después.

3. La vara mínima: el último dato disponible. El "antes" tiene un dato concreto. El cierre 2025 muestra que Aduanas recaudó 15.5% más en términos reales con 2.3% menos operaciones. Ese contraste puede significar eficiencia real o puede significar que se frenó el comercio legítimo mientras las fugas seguían abiertas. Nadie lo ha explicado públicamente con el desglose que lo aclare. Ese es el piso mínimo de exigencia para el nuevo titular: no solo mantener la recaudación, sino explicar de dónde viene.

4. Lo que debes exigir para saber si funcionó. Antes de los indicadores, un principio que lo ordena todo: en Aduanas, cuando la regla depende demasiado del criterio de la persona, el sistema se vuelve vulnerable. Por eso los indicadores que importan son los de automatización y trazabilidad, no los de discrecionalidad. Con ese principio como base, cuatro entregables públicos con corte trimestral dicen si el relevo va en serio: tiempos de despacho por aduana, con mediana y percentiles reales, no solo promedio, para saber si hay cuello de botella o mejora real; recaudación desagregada por tipo de contribución y por aduana, para distinguir eficiencia de factores externos; golpe verificable a subvaluación y contrabando técnico en sectores sensibles como textil, calzado y acero, con casos, montos recuperados y sanciones; y consecuencias visibles: auditorías, sanciones e inhabilitaciones cuando proceda. Sin consecuencias, todo queda en simulación.

5. Por qué este relevo no es igual a los demás. Aduanas es una zona estructuralmente sensible por el volumen de dinero que concentra y por los incentivos que genera. Justamente por eso necesita controles que resistan presión y tentación, no solo titulares que resistan conferencias de prensa. Si el cambio se traduce en reglas claras, datos públicos y sanciones efectivas, el país gana en competencia, recaudación y orden. Si no se traduce en resultados verificables, el costo lo paga el ciudadano: con mercados distorsionados, menor empleo formal y menor confianza en la autoridad.

Aquí termina el texto. Pero la pregunta sigue abierta: si Aduanas tiene los datos, si el gobierno tiene el diagnóstico y si la ley tiene los instrumentos, ¿qué ha faltado todos estos años para que funcione?

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