• La Verdad del Sureste |
  • Sábado 24 de Enero de 2026

¿Y a mí qué?

Súper Peso 2026: ¿Respiro real o viento prestado?

Publicado el:

Francisco Enrique Pérez Hernández


Hay una alarma silenciosa que no suena en tu casa, pero sí en tu cuerpo: la incertidumbre. En México, basta con leer la palabra “dólar” para que el cerebro se ponga en modo alerta, como si tuvieras que decidir en segundos si la quincena va a alcanzar. El tipo de cambio se vuelve una sombra que te acompaña aunque no compres dólares: está en el precio del súper, en la refacción, en la escuela, en el plan que pospones “por si acaso”.

Esta semana el titular fue tentador: el peso arrancó 2026 fuerte, por debajo de los 18 por dólar. Suena a medalla. Pero también puede ser un velero avanzando con viento prestado. No siempre es que nosotros estemos navegando mejor; a veces el empuje viene de afuera (debilidad del dólar, expectativas de tasas, nervios globales). Y cuando el viento cambia, el velero no pide permiso: se frena, se gira o retrocede. Y a qui viene tu gran interrogante:

 

¿Y a mí qué? Pues te afecta aunque no tengas dólares en la mano:

  1. Tu bolsillo. Un peso fuerte puede aliviar presiones en productos e insumos importados, y en teoría ayuda a que ciertos precios suban más lento. Lo malo es que ese beneficio rara vez baja directo al “carrito del súper” con la misma velocidad: hay contratos, costos internos y márgenes que no se ajustan al instante. El resultado es frustrante: el dólar baja, pero tu cuenta no se siente igual.
  2. Tu rutina (tu tiempo). Cuando el tipo de cambio se mueve por señales externas (tasas, declaraciones, tensión comercial), terminas pegado al titular como si fuera pronóstico del clima. Ese “a ver qué pasa” roba horas mentales: postergas compras, frenas planes, dudas de invertir en tu negocio. Tu vida se vuelve reactiva.
  3. Tu estabilidad emocional. La volatilidad no solo mueve números; mueve el sistema nervioso. Vivir en montaña rusa financiera instala un estrés de fondo: no explota, pero desgasta. Y eso se traduce en irritabilidad, cansancio y decisiones más impulsivas.

 

Ahora, lo incómodo: no todos ganan con este “súper peso”. Si recibes remesas, ese dólar rinde menos al convertirlo a pesos. Si tu ingreso depende de exportar (o de empresas que venden fuera), un peso más fuerte aprieta márgenes y puede frenar contrataciones o inversión. En cambio, si compras insumos importados, si pagas servicios ligados al dólar o si tienes deudas en moneda extranjera, podrías tener un respiro táctico. No es blanco o negro: es un mapa desigual.

Y aquí entra la psicología: la aversión a la pérdida. En nuestro cerebro pesa más el riesgo de perder mañana que la ganancia de hoy. Por eso, aunque el peso se aprecie, muchas familias no sienten alivio inmediato; sienten el temor de que la racha se rompa con una noticia, un dato de inflación en Estados Unidos o una tensión comercial. No es pesimismo: es un mecanismo de supervivencia. El problema es cuando ese estado de alerta se vuelve permanente y te roba la capacidad de planear.

El baño de realidad es simple: el tipo de cambio puede dar señales positivas, pero no es sinónimo automático de bienestar. Un peso fuerte puede ser buena noticia, sí, pero también puede ser frágil si depende más del “viento” global que de estabilidad interna. Celebrarlo como trofeo es fácil; convertirlo en alivio real es lo difícil.

¿Qué hacer sin caer en euforia ni paranoia? Ajustar tus velas:

  • Si tienes deudas en dólares, considera aprovechar el momento para reducirlas.
  • Si vas a hacer una compra importante importada, decide por necesidad y plan, no por impulso del titular.
  • Si tu ingreso depende de remesas o exportación, piensa en amortiguadores (ahorro, diversificación, colchón) porque un peso fuerte también puede pegarte.
  • Y, sobre todo: no bases compromisos a largo plazo en una racha corta. La estabilidad se construye con decisiones repetibles, no con “buenas semanas”.

El “súper peso” puede ser un respiro o solo viento prestado. La diferencia la define qué tan preparada está tu economía personal cuando el viento cambie.

 

Aquí termina el texto, pero empieza tu conciencia.