• La Verdad del Sureste |
  • Viernes 13 de Febrero de 2026

¿Y a mí qué?

Seguridad: cuando bajan los homicidios, pero no baja el miedo.

Publicado el:

Francisco Enrique Pérez Hernández


No necesitas que te asalten para sentirte inseguro. A veces basta con cambiarte de banqueta, guardar el celular antes de cruzar una esquina o voltear dos veces cuando escuchas una moto. Eso no es paranoia: es adaptación. Y el problema es que, cuando la vida se te vuelve estrategia, el miedo deja de ser noticia y se vuelve rutina.

En esta semana el Gobierno ha insistido en un dato que, en papel, suena a respiro: que el homicidio doloso bajó 42% entre septiembre de 2024 y enero de 2026 (de 86.9 a 50.9 víctimas diarias en promedio), es decir, 36 homicidios menos al día. 

Pero cuando escuchas que “los homicidios dolosos van a la baja” (como se ha difundido en estos días), una parte de ti quiere creerlo pero otra parte no puede. Porque una cosa es la cifra y otra es la experiencia. La pregunta no es si el gobierno puede presentar datos. La pregunta es si tú puedes volver a vivir sin estar calculando riesgos todo el día. 

Te lo digo con franqueza y con calle: durante casi seis años estuve en gabinetes de seguridad y procuración de justicia en Miguel Hidalgo, presidiendo sesiones de coordinaciones territoriales. Revisábamos denuncias diarias, patrones delictivos, zonas críticas y salíamos a colonias con alta incidencia para escuchar a vecinas y vecinos con jefes de sector, fiscalía y alcaldía. Ahí aprendí algo que no cabe en una gráfica: existen dos seguridades. La objetiva, que se mide en números; y la subjetiva, que se mide en confianza. La primera puede mejorar y aun así la segunda seguir rota. Una se mide pero la otra se vive. La subjetiva es la más difícil de recuperar porque depende de confianza, de respuesta y de justicia, no solo de comunicación.

Te preguntarás: ¿Y a mí qué? lo explico: Lo que te importa como ciudadano o ciudadana se resume en tres impactos concretos:

  1. Tu vida diaria (tiempo y libertad). Cuando la inseguridad se mete a tu rutina, no solo pierdes tranquilidad: pierdes libertad. Cambias trayectos, horarios, hábitos. Vives con microdecisiones defensivas que te desgastan aunque “no haya pasado nada”.
  2. Tu bolsillo (un impuesto silencioso). Rejas, cámaras, alarmas, taxis en vez de caminar, pagar estacionamientos “seguros”, comprar un celular más barato o usar uno como señuelo “por si te lo quitan”. La inseguridad se vuelve un impuesto regresivo: la pagan más caro quienes menos tienen, porque no pueden comprar protección privada.
  3. Tu confianza (la clave que nadie quiere medir). Puedes escuchar que bajaron homicidios, pero si en tu colonia siguen robos, extorsiones, amenazas o violencia que “no se denuncia”, tu cerebro no lo registra como mejora. Registra riesgo. Y sin confianza, cualquier estrategia se queda a medias.

Y aquí viene lo que casi nadie pone al centro: México no solo tiene delitos; tiene delitos invisibles. La “cifra negra” (delitos que no se denuncian o no se investigan formalmente) la mide el INEGI con la ENVIPE (Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública) y, en su última medición publicada, es de 93.2%. Cuando la autoridad comparte resultados mirando solo lo que se denuncia, puede estar leyendo apenas una parte pequeña de la película, mientras el resto se vive en silencio. Y cuando se invierte presupuesto con esa película incompleta, se corre el riesgo de invertir “a ciegas” implementando patrullaje donde hay denuncias, pero no necesariamente donde hay miedo real.

La percepción no es un capricho, es un mecanismo de supervivencia. Tu cerebro usa heurísticas (atajos mentales) para decidir rápido. La más poderosa en seguridad es la heurística de disponibilidad: lo que recuerdas con facilidad (el asalto del vecino, el video viral, el secuestro en la carretera) pesa más que una estadística nacional. Y se combina con el sesgo de negatividad: una experiencia de amenaza vale por diez noticias buenas. Por eso, una sola agresión cercana rompe meses de “buenas cifras”. No es irracionalidad: es memoria defensiva. Esto explica por qué la gente no siente alivio con solo cifras.

Entonces, si de verdad queremos que “bajen los homicidios” se traduzca en “baja el miedo”, hay preguntas que ya no admiten discursos, solo respuestas verificables: ¿En qué colonias bajó, en cuáles subió y por qué? ¿Qué pasó con robos, extorsión, violencia en transporte y violencia familiar, que son los delitos que te moldean el día? ¿Cuánto tarda una patrulla en llegar, cuántos casos se judicializan y cuántos se caen? ¿Qué parte de la estrategia está auditada por instancias independientes (academia, observatorios, ciudadanía) y no solo por el propio gobierno?

Te lo digo con preocupación: si la seguridad se vuelve “narrativa de temporada”, el costo es doble: no solo sigue el delito, también se rompe la credibilidad. Y sin credibilidad no hay denuncia; sin denuncia no hay datos; sin datos, el presupuesto se asigna a ciegas. Ese círculo es el que mantiene viva la cifra negra.

No se trata de negar avances, se trata de exigir seriedad: menos aplauso a la gráfica y más trazabilidad del resultado. Si la autoridad quiere que la gente vuelva a confiar, tiene que demostrarlo donde duele: en la calle, en el Ministerio Público, en la atención a víctimas y en la reducción real de impunidad.

La seguridad objetiva importa. Pero la seguridad subjetiva es la que determina si tu ciudad es vivible. Y eso, también es parte del derecho a una vida digna: no basta con “no morir”; necesitamos poder vivir sin miedo.

Aquí termina el texto, pero empieza tu conciencia.