Una genuina preocupación es aprovechada políticamente por los mismos de siempre.
HAY DE TODO EN EL RECHAZO
La oposición al museo proviene principalmente de ciudadanos, colectivos ambientalistas y defensores del legado de Carlos Pellicer, quienes han expresado su oposición a esta obra, y llevaron su protesta a plataformas como Change.org y grupos como “No al proyecto museo nacional Olmeca en el Parque Tomás Garrido”.
Han denunciado que el proyecto se anunció sin una consulta pública adecuada, generando desconfianza. Colectivos como Comprometidos con la Tierra han calificado la obra como “insostenible” y han exigido un censo ciudadano para decidir si se debe proceder con la construcción.
Algunos opositores, han señalado que la controversia se ha politizado, lo que ha generado división entre los movimientos ciudadanos. Esto ha llevado a la organización de marchas separadas, como una convocada desde el MUSEVI hasta la Plaza de Armas, el sábado pasado y que no tuvo mayor respuesta ciudadana.
Los intereses políticos afectan el interés genuino de los ambientalistas al polarizar el debate, fragmentar los movimientos ciudadanos y desviar la atención de las preocupaciones ambientales hacia narrativas partidistas.
Cuando figuras políticas, como los dirigentes estatales del PRI y PRD o Lorena Beaurregard, con agendas partidistas se suman a la oposición, estos argumentos quedan opacados, haciendo que el movimiento ambientalista parezca menos técnico y más ideológico, interesado en conseguir algún beneficio político.