La “Leona de México” explicó que apenas en febrero pasado inició sus lanzamientos por falta de un espacio para trabajar, además el Instituto Veracruzano del Deporte le inmovilizó sus arreos para entrenar, con el argumento de la pandemia y careció de campamentos.
Las competencias que tenía programadas se las cancelaron de último momento, ejemplo, El Gran Prix Dubái, fundamental en la preparación de Angie; quien escasamente durante el mes de noviembre del año pasado logró que un gimnasio le abriera sus puertas para entrenar.
La aguerrida competidora del deporte adaptado peleó, como es su costumbre ante las injusticias cometidas por las autoridades deportivas con los que luchan por las medallas y luego los directivos se “cuelguen” los triunfos de otros; hasta que la Copame y el gobierno de la entidad les ofrecieron sus apoyos.
Por si todo esto fuera poco, a una semana de competir sufrió una lesión en el hombro y codo derecho lo que mermó su rendimiento. Desde su óptica las medallistas, en la prueba y categoría F57, de la justa deportiva tuvieron la preparación y el roce de estos casos, de una u otra forma.
Es por ello que para la represente mexicana el sitio que ocupó, -un peldaño abajo de la medallista de bronce-, en tierras japonesas “ha sido un buen resultado”. Asimismo, no pudo refrendar las marcas Paralímpica y Paramundial logradas en ediciones anteriores y que fueron el valor agregado a sus múltiples proezas.
La tabasqueña tiene de aquí a los próximos Juegos Paralímpicos de Paris, para recobrar su grandeza y ridiculizar a esas autoridades deportivas que le colocaron obstáculos en su trayectoria. También demostrarse a ella misma si sus capacidades siguen igual o mejor, porque todo lo que sube baja y el deportista debe retirase ni antes ni después sino a debido tiempo. El poder es el poder.
