La amenaza más reciente del presidente Donald Trump de ordenar acciones militares en México contra los cárteles, incluyendo posibles ataques terrestres y menciones explícitas a que podrían ocurrir "en cualquier lugar", con México como objetivo principal, se inscribe en un contexto de escalada agresiva en su política exterior hacia América Latina, enmarcada en la supuesta lucha contra el narcotráfico, el fentanilo y lo que él describe como "narco-terrorismo".
A inicios de enero Trump ordenó una operación militar significativa en Venezuela, que resultó en la captura o derrocamiento del presidente Nicolás Maduro, acusado por el gobierno estadounidense de "narcoterrorismo" con pruebas falsas, lo que dejó al descubierto la verdadera intención del presidente norteamericano: apoderarse del petróleo venezolano.
Trump presentó esto como un éxito rotundo en su campaña contra el crimen organizado transnacional. Inmediatamente después, extendió la retórica: amenazó con acciones similares en Colombia, Cuba, Groenlandia, en un tono más retórico, y, sobre todo, México.
Declaró que los cárteles "están gobernando México" y que "algo tiene que hacerse", alegando que la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó ofertas de ayuda militar por miedo a los cárteles.
Esto forma parte de una doctrina informal que algunos llaman "Donroe Doctrine", variante de la Doctrina Monroe, donde EE.UU. reclama el dominio en el hemisferio occidental contra amenazas como el narco.
Las más de 100 mil muertes anuales en ese país por sobredosis de opioides sintéticos, producidos mayoritariamente por cárteles mexicanos con precursores chinos, Trump lo presenta como un "ataque" a Estados Unidos, que justifican acciones unilaterales.
Cumplir promesas de campaña de "mano dura" contra el crimen transfronterizo, en un contexto donde las operaciones de ICE en territorio estadounidense, redadas masivas, protestas en Minnesota y otros estados, generan controversia doméstica.
La presidenta Sheinbaum ha rechazado cualquier intervención militar, enfatizando que es "innecesaria" y violatoria de la soberanía. Ha tenido conversaciones "buenas" con Trump y el secretario de Estado Marco Rubio, pero mantiene que México actúa solo, sin injerencia extranjera.
México ha acelerado extradiciones de presuntos capos, 37 en la última tanda "de alto impacto" la semana pasada, desplegado tropas en la frontera y fortalecido operativos antinarcóticos para desinflar las amenazas.
Sin embargo, existe el temor a que una acción unilateral cause víctimas civiles, caos económico o crisis política. Algunos analistas ven protestas crecientes en México como resistencia a una posible "intervención imperial".
Trump ha priorizado la "guerra" contra el fentanilo y la inmigración ilegal como temas de seguridad nacional, como un distractor de lo que está pasando en Estados Unidos con las acciones represivas y criminales del ICE y la retórica de funcionarios de primer nivel de la Casa Blanca que acusan de criminales que amenazaban la integridad de agentes a quienes han sido asesinados a mansalva y que ha despertado una ola de indignación nacional y el aumento de las protestas contra el presidente Trump.
Legisladores demócratas han calificado de "desastrosas" esos amagos del republicano, y han expresado públicamente su rechazo a una intervención militar en México, Colombia, Cuba por violar principios de no intervención.
UNA ESCALADA MILITAR
Esta amenaza del presidente estadounidense no es aislada, sino es la continuación y escalada de una estrategia que Trump inició en 2025 y que, tras el "éxito" en Venezuela, se expande a México como el objetivo prioritario con el pretexto de detener el flujo de fentanilo hacia el vecino país del norte.
Sirve para proyectar dominio, presionar la cooperación y cumplir narrativas internas, aunque arriesga una crisis diplomática grave si se materializa sin acuerdo bilateral. México responde con gestos de colaboración para evitarlo, pero la soberanía sigue como línea roja.
La respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum a las amenazas más recientes de Donald Trump ha sido consistente, firme y diplomática, centrada en defender la soberanía nacional mientras busca mantener un diálogo constructivo.
Sheinbaum ha enfatizado repetidamente que no se permitirá ningún despliegue o acción militar de EE.UU. en territorio mexicano. Ha calificado las amenazas como innecesarias, ya que México está actuando con determinación contra el crimen organizado.
La presidenta habló el sábado pasado durante un evento en Reynosa, Tamaulipas, específicamente en la entrega de viviendas del programa Vivienda para el Bienestar, acompañada por el gobernador Américo Villarreal.
Abordó directamente las amenazas recientes de Donald Trump sobre posibles ataques terrestres contra cárteles del narcotráfico "en cualquier lugar", incluido México. Reiteró que México mantiene una relación de negociación y cooperación con Estados Unidos, pero con límites claros: "Negociamos, trabajamos con nuestros vecinos, pero nunca nos subordinamos" .
Defendió la soberanía nacional de manera enfática: "México siempre va a ser un país libre, independiente y soberano. Y aquí en esta frontera es todavía más simbólico decirlo" .
Enfatizó que su gobierno apuesta por la cooperación internacional sin permitir injerencia en asuntos internos, y vinculó esto a políticas internas como programas sociales, construcción de viviendas y aumentos al salario mínimo, presentándolos como parte de la "Cuarta Transformación" que fortalece al país desde adentro.
No mencionó a Trump por nombre ni confrontó directamente sus declaraciones, como las de la entrevista en The New York Post ese mismo día, pero el mensaje fue una respuesta clara y calibrada a la escalada de amenazas. El tono fue calmado, soberanista y enfocado en proyectar unidad nacional en un estado fronterizo sensible.
Es poco probable que el presidente Donald Trump pase de las amenazas a acciones militares concretas contra los cárteles en México, aunque no es del todo imposible dada su imprevisibilidad y el precedente reciente en Venezuela.
